LUIS J. MEDRANO
INICIO GALERÍA BIOGRAFÍA LIBRO OBRA ESCRITA DESTACADO DESCARGAS CONTÁCTENOS


Luis J. Medrano no solamente creó sus lacónicos Grafodramas. En el extremo opuesto, se encuentran sus notas ilustradas, ensayos sobre la realidad argentina a través de los temas eternos del género humano: el amor, la amistad, la política, el arte, el deporte. Medrano ilustraba él mismo sus textos, con viñetas y personajes llenos de humor, esta vez complementando sus palabras. Las notas ilustradas de Medrano integraron publicaciones como Argentina, El Gráfico, El Libro de Oro de Patoruzú y Gente, y dieron origen a dos volúmenes íntegramente dedicados a ellas: El Album de Grafodramas y Perfiles del Milagro Argentino.

Periódicamente renovaremos las notas que integran esta sección

Despecho
Un axioma muy popular formula esta sentencia: “la suerte de la fea la bonita la desea”. Creemos que esto encierra una inexactitud evidente, pues el hecho de que por lo general las señoritas con quienes la naturaleza no ha sido pródiga suelan contraer matrimonio antes que las bellezas, no debe atribuirse al resultado de una tómbola hábilmente gobernada por San Antonio.

Lo que ocurre es que la mujer poco agraciada, consciente de su desventaja, no se anda por las ramas cuando se trata de elegir marido.

En cambio la bonita, segura de su privilegio, puede permitirse el lujo de realizar una prolija selección antes de dar el definitivo paso hacia el altar.

Aún más, la circunstancia de que ante su vista se abran innumerables caminos para su legítima ambición, la induce, irresistiblemente, a extremar su cautela.

Parece mentira, pero hay que admitir que aun para una cosa tan pura, seria y fundamental como es el amor, se hace necesario recurrir a ciertas tácticas o especulaciones para garantizar una unión exitosa.

La encantadora rubia que concita en su torno la atención de un grupo de admiradores, verá malograda su noche en cuanto advierta que un galán solitario fuma displicente mirando para otro lado. Es que en todo lo que al amor concierne, el amor propio juega un papel principalísimo.

Se ha dicho que el amor es entrega total de un ser en beneficio de otro; respetable definición cuya grandeza no puede ser discutida. Mas, sin presumir de cínicos, es preciso reconocer que en tal caso conviene reservarse un pequeño margen de amor propio, necesario entre otras cosas para suscitar celos, de forma que a la otra parte no se le haga el campo orégano, confiada en la absoluta certeza de nuestro fiel comportamiento.

Las rencillas entre enamorados, tan certeramente comparadas con las tormentas de verano, son obra exclusiva del amor propio.

Puede decirse que todo noviazgo está jalonado de pequeñas rencillas cuya sabia finalidad es robustecer poco a poco en el perdón reiterado la siempre perfectible comunión de dos espíritus. Naturalmente que hay que tener fino instinto para entrever el momento y la forma en que conviene ceder, para no correr el peligro de sufrir el irreparable daño de unas calabazas con todas las de la ley.

De esas calabazas formales y definitivas en que el honor nos manda devolver las cartas intercambiadas y hacer el enojoso trueque de regalos, para luego ahogar en vino el dolor de nuestra perdida felicidad.

En El álbum de grafodramas, Editorial Luis J. Medrano, mayo de 1959.