No era fácil hacer humor en 1951. En plena hegemonía peronista, Medrano encontró la forma de situarse ni dentro ni fuera de los íconos de la época: el Contreras, personaje alérgico a toda manifestación justicialista, permite identificarse con cualquier de los dos bandos, según la ideología del que lo contemple, y reírse de sus desplantes frente a fenómenos como los discursos de Perón o el libro La razón de mi vida, de Evita.